DE MADRE A HIJA: UN RAMO PARA TODA LA VIDA

Ramo novia preservado

Diana tenía muy claro qué quería hacer con su ramo el día de su boda. No deseaba lanzarlo ni guardarlo sin más en una caja. Ella lo quería preservado, cuidadosamente tratado para que el tiempo no marchitara lo que representaba. Su ilusión era poder regalárselo a su hija, para que lo llevara también en el día de su boda.

Para Diana, no era solo un ramo de flores. Era el símbolo de una promesa, de un comienzo, de un “sí, quiero” lleno de emoción. Preservarlo significaba conservar intacto ese recuerdo, mantener viva la esencia de uno de los días más importantes de su vida y transformarlo en un legado familiar.

La idea de que su hija pudiera caminar hacia el altar sosteniendo el mismo ramo convertía ese objeto en algo mucho más profundo: un puente entre generaciones, una historia de amor que continúa y se renueva. Así, lo que un día fue parte de su propia boda, mañana será parte de otra, cargado de memoria, significado y sentimientos compartidos.

Porque a veces los detalles más pequeños son los que guardan las historias más grandes.

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