Adriana soñaba con un ramo de flores preservadas de aire silvestre, sencillo y elegante, inspirado en la belleza natural del campo. Quería que el rojo y el blanco se entrelazaran de forma armoniosa, aportando contraste y equilibrio, como un reflejo sutil de su vestido de novia. Un ramo con personalidad, atemporal y lleno de significado, pensado para conservarse en el tiempo como recuerdo de un día único.





