María se decantó por un ramo preservado con un estilo delicadamente despeinado, una elección que combinaba frescura, naturalidad y una belleza atemporal. Predominaban los tonos verdes en diferentes matices, acompañados de pinceladas otoñales que aportaban profundidad y calidez.Las texturas y las formas suaves del ramo creaban una composición armónica, con un aire silvestre que evocaba caminatas entre hojas secas y bosques tranquilos.
Cada elemento del ramo parecía colocado con intención, pero sin perder la espontaneidad propia de los arreglos más naturales. La mezcla de follajes, flores preservadas y detalles en tonos crema otorgaba un carácter íntimo y personal, reflejando la esencia de María: sencilla, elegante y conectada con lo auténtico.
El resultado fue un ramo duradero y lleno de personalidad, que no solo acompañó a María el día de su boda, sino que también se convirtió en un recuerdo precioso, capaz de conservar la magia y el encanto de ese momento para siempre.



